martes, 16 de agosto de 2016

Henrietta y la cadena

"Su voz dulce lo durmió cantando Swing low, sweet chariot. En ese momento, con aquel bebe de menos de un año dormido y apretado contra su pecho se dio cuenta de que estaba deseando tener hijos, aquella muchacha casi niña con catorce años tenía una incipiente tripa de embarazo, y con aquel calor de verano y el bamboleo de aquella vieja silla desgastada calmo el llanto del pequeño, que le dio las gracias con el brillo de sus ojos, una mirada en su último sopor antes de dormirse que llevaría grabada a fuego toda su vida.

Ese niño que se durmió en los brazos de una desconocida, mientras su madre entraba en la consulta médica, se llamaba Eddie Lamarck y era muy hábil con las matemáticas, siempre tuvo serios problemas de crecimiento y probablemente eso hizo que aprendiera a sobrevivir de una forma mas rápida. Sus vivarachos ojos llenos de energía y de ganas de vivir, conseguían por si solos que marcase la diferencia, que supiera resolver todas las situaciones de forma airosa.
Una mañana de 1945, Eddie Lamarck vio como una despistada Shirley Eckland se había quedado una vez mas absorta en su propio mundo, sin escuchar al profesor, hasta que éste, regla de madera en mano y harto ya de sus desvaríos, dijo de viva voz: "¡Shirley Eckland a la pizarra!".

Shirley volvió al mundo real con un semblante invadido por el terror y fue lentamente hacia el temido encerado como una vaca que entra en el matadero, cuando pasaba a la altura del pupitre de Lamarck oyó su susurro:"¡¡1861!!". Shirley giro todos y cada uno de sus rizos rubios hacia Lamarck buscando alguna explicación para aquel número mientras llegaba a la altura de su profesor que ya blandía su regla de madera mientras preguntaba: ¿Conoce la respuesta a mi pregunta? 
Y sin saber por qué, pero si el qué, tuvo claro que tenía que decir con una veracidad digna de la mejor de las enciclopedias: "1861 señor".
"Me sorprende usted gratamente señorita Eckland. Efectivamente, la Guerra de Secesión comenzó en 1861". Shirley le dedicó a Lamarck en señal de agradecimiento la mejor de sus sonrisas.

Aquella niña rubia ensimismada comenzó la adolescencia por todo lo alto, en 1951 era la chica mas popular de la Virginia High School de Bristol, donde la mayoría de los chicos soñaban con uno de sus besos o con ser los elegidos para encerrarse con ella en el armario jugando al famoso Seven minutes in heaven recien llegado de Cincinnati.
Lo curioso es que Shirley se sentía abrumada ante tanta atención, y ella acostumbrada a pasar su niñez celosamente protegida en su mundo de fantasía no quería continuar con aquella vida de luces y trazó un plan, para ello eligió al chico mas socialmente inadaptado y le obligó a acompañarla al armario.
El elegido fue Gerald Casell, quien invadido por el miedo y la duda entro al armario sin saber que hacer. Cuando la puerta se cerró Shirley dijo: "o tu o yo, uno de los dos va a cambiar hoy su vida, cuando salgamos de aqui y digamos que nos hemos besado", pero lo que Shirley no esperaba es que Gerald que no había visto una oportunidad tan clara jamás, se quito las gafas y acercándola hacia su cuerpo le susurro al oido:"A mi no me gusta contar mentiras" y la besó, le dio un beso tan intenso que a Shirley no se le olvido jamás y cuando salieron de aquel armario Gerald se convirtió en el chico del momento para todos incluida Shirley. Una vez fuera, él la miro para darle las gracias por haberle elegido.

Gerald Casell cambió a partir de ese momento, se convenció así mismo de que era un triunfador, se había ligado a la chica de los sueños de todos. Este hecho le hizo darse cuenta de que quería estar rodeado de mujeres preciosas toda su vida, y su pericia al coser le llevo a convertirse en el sastre oficial de las Rockettes, unas famosas bailarinas de precisión que actuaban en el Radio City Music Hall de Manhattan.
Los ensayos y pruebas de acceso eran muy duros, pero el resultado era belleza pura. Ver a todas aquellas mujeres perfectamente sincronizadas elevar la pierna al mismo tiempo era impactante. Para agilizar los procesos, Gerald solía ayudar en las pruebas de acceso, asegurando que la medida de la candidata estaba entre aquellos 167 y 177 centímetros tan deseados para algunas. Una mañana de 1963 en el Radio City Music Hall se palpaban los nervios por los pasillos, un entusiasmado Gerald Casell iba midiendo una a una a todas las candidatas a las pruebas que al grito de Apta pasaban al camerino donde se vestían para bailar delante de Mrs Eggermont una ex-bailarina de Montana con ascendencia holandesa que no sabía sonreir fuera del baile.
Gerald Casell se fijo en una chiquilla que parecía mas inquieta que las demás, Karen Knowles recordaba ser Rockette como el primer sueño de su infancia, una infancia muy triste, cuya única alegría consistía en preparar milimétricamente el baile de las rockettes que se había aprendido de memoria. Cuando la llamaron para medir le temblaban las piernas, Gerald vio como se acerco a la pared de tallaje casi sin respiración, se puso un poquito de puntillas, se estiró todo cuanto pudo y cerró los ojos, mientras de uno de ellos salía una pequeña lágrima...
Lo cierto es, que aquella muchacha parecía un ángel por lo bonita que era y Gerald comprendió su maniobra al ver en el metro sus 166 centímetros y medio de altura, cuando ya iba a retirar el metro de repente sus ojos se abrieron y le miro suplicando que no le destrozara la vida, Gerald le susurro al oido: "espero que merezcas la pena" y grito: "¡Apta!"
Karen Knowles dejo caer de su boca un grito de alegría que levanto las sospechas de Mrs Eggermont: "Gerald son 167, ¿recuerdas?" Gerald sin dar opción respondió: "168 mide Mrs Eggermont, ¿quiere usted comprobarlo?" Mrs Eggermont sin responder siquiera giró la cabeza para ver a una Karen Knowles que bailaba de ensueño y que justo antes de empezar la había guiñado el ojo a Gerald en señal de agradecimiento.

Karen Knowles fue una preciosa y feliz bailarina de precisión durante muy poco tiempo, porque una tarde de 1967 había ido a visitar a sus tíos a Chicago y allí conoció a Leigh Van Valen, un afamado biólogo que se convertiría poco tiempo después en su marido. Leigh vivía maravillado por las sincronías de cualquier tipo, desde muy pequeño había tenido una especie de don para detectar patrones, para enlazar casualidades, para encontrar coincidencias, y la curiosidad por los ensayos para perfeccionar la patada alta de las Rockettes le llevo a charlar con Karen en casa de sus tíos, hasta que observó un curioso patrón en sus sonrisas que ya le habían convertido en esclavo de sus deseos, hasta que un día Karen Knowles paso a ser Karen Van Valen y Leigh un hombre más feliz que agradecía cada día a su mujer que estuviera en su vida con una flor recién cortada.

Leigh Van Valen estudió sin cesar las células, sobre todo aquellas que tenían comportamientos extraños y patrones incomprensibles. En 1991 publicó un libro "Hela, a new microbial species" en el que sugirió que estas famosas células, debían ser catalogadas como una nueva especie. Leigh dijo que su libro era un tributo a Henrietta Lacks, en agradecimiento a su valiosa contribución que había salvado miles de vidas..."



Hoy se sube a la pasarela de de Chis&Bru Henrietta Lacks, lleva un vestido sixtie en verde manzana, stilettos y cinturón en plata, cartera y tocado inspirados en Mibuh. Va unida a una cadena, que simboliza la inmortalidad, que generó sin saberlo.

Henrietta Lacks fue una mujer afroamericana que tras enfermar de cáncer dono involuntariamente y sin su conocimiento, células de su tumor canceroso, que fueron cultivadas por George Otto Gey para generar una línea de cultivo celular inmortal. A día de hoy son más de 70.000 los experimentos científicos en los que estas células se han utilizado, generando soluciones para un montón de vidas entre ellas, la vacuna para la poliemielitis. Se trata del linaje celular humano mas antiguo que existe. Sin duda alguna, lo más parecido a un superhéroe, se llamó Henrietta Lacks y aunque falleció a los 31 años, una parte de ella sigue y seguirá viva en los laboratorios de medio mundo.

Una mañana de 1934 Henrietta Lacks acudió a consulta médica tras saber que estaba embarazada de su primo David, con tan solo 14 años de edad, Hennie, como la llamaba su familia, ansiaba el momento de tener a su bebe en brazos, así que no dudo un instante cuando una desconocida le pidió que cuidara un momento de su pequeño mientras entraba en la consulta. Hennie imaginando que era su niño al que estrechaba entre sus brazos, le cantó Swing low, sweet chariot  para que se adormeciera. El destino quiso que el por aquel entonces bebe, Eddie Lamarck continuara aquella cadena de favores que había comenzado Henrietta, una cadena de favores tan inmortal como sus células.

¡Hasta la próxima muñeca!

jueves, 21 de enero de 2016

Zhang y el taijitu

"Cuenta la leyenda que hace miles de años, en la provincia china de Shandong había una niña de tan extraordinaria belleza que sus padres apenas le dejaban ver la luz por miedo a que fuera robada. 
Sus ojos, con brillo cristalino y profundidad de mar, tenían tanta hermosura que con los años, se dijo incluso que de allí emanaba el agua, pues era un iris almendrado con el color del río más puro, que envolvían toda la frescura de la China Imperial. 
Su pelo, eran láminas de obsidiana, tenía un brillo que eclipsaba a la luna en sus noches más completas. 
Su piel, era la más fina porcelana, suave, pulida, perfecta.
Yin era esclava de su belleza, pues sólo las noches en las que se escapaba, eran testigo de su presencia, de su existir. Pero como si de un alto precio que pagar por tanta hermosura se tratara, Yin era incapaz de sentir, era fría como el témpano más cuajado, como la noche más heladora, como si cada fibra de su radiante melena se hubiera forjado en el mismísimo infierno. 
Su pálida belleza veía transcurrir los días, las estaciones, los años hasta que ya jovencita, aún prisionera de la noche, Yin creyéndose insensible se fabricó un secreto. Cada noche, se escapaba para ver al soldado más apuesto de toda China, agazapada entre maleza y exuberante vegetación, observaba como daba instrucciones a su grupo con idea de detener a los manchúes que avanzaban por el norte, hasta que Yang una noche de ronda y harto de saberse espiado, la abordó con la esperanza de encontrar al enemigo y no a la mujer más hermosa que hubiera imaginado en su vida. 
Los amaneceres eran suyos, pues comenzaron a verse a escondidas, en esa delicada línea de tiempo en la que coexisten la noche y el día se conocieron, Yang le entregó a Yin por una noche su amor, su bondad más absoluta y Yin le entregó a Yang lo único que tenía: su cuerpo.

Pero esa misma noche, el ejército recibió órdenes, debían cruzar la Gran Muralla, los manchúes habían acercado posiciones y amenazaban la seguridad del imperio, así que sus amaneceres dejaron de existir, y las noches de Yin se volvieron más oscuras.
Los días transcurrieron envueltos en tinieblas y lluvias, como si el tiempo no pudiera ser bueno con Yin y Yang separados, como si el cielo llorara por su desencuentro, a medida que los días pasaban Yin enfermaba, cada vez más...no tenía dolencia aparente pero sus constantes vitales se debilitaban a la misma velocidad que el candor de sus mejillas se tornaba en esa grisácea llanura que exhibe un cuerpo enfermo, invadido por algún mal.
Ni una sola gota de ese agua retenido en sus ojos salió para liberarla del mal que la aquejaba, aunque ni siquiera ella comprendía por aquel entonces cuál era ese mal.
Pasaron 60 días, con sus 60 noches en las que ella no vio el amanecer, no vio la noche y tampoco vio el día, postrada en una cama respiraba exhausta, cansada de una vida que no quería vivir, que carecía para ella de todo sentido. 
Pero un día, por fin, el ejército volvió, Yang fue el primer soldado valeroso que cruzó la puerta de Shandong ansioso por ver a Yin, por volver a compartir con ella aquellos amaneceres tan preciados. La espero donde siempre, el tiempo suficiente para darse cuenta de que en aquella ocasión no iría, y lejos de conformarse con su ausencia, se deslizó por los tejados en silencio y entro en su habitación sin hacer ruido, como una sombra...
Allí estaba ella, tumbada, con menos vida que nunca y su eterna mirada de dolor contenido y ahogado en unos ojos incapaces de llorar.
¨!Yang! - Dijo con voz débil - ¨l!legas tarde!¨ Y de repente las lágrimas que habían estado esperando pacientes al otro lado empezaron a brotar sin consuelo.
"Estás aquí!" - Decía, mientras se abrazaban...
Yang comprendió que a Yin se le iba la vida...y lloro también, mientras la abrazaba pregunto: ¨¿Qué voy a hacer sin ti?¨
Y Yin tomando su mano y colocándola sobre su vientre le dijo..."una parte del uno siempre vivirá en el otro"
Yang no era capaz de entender que cruel misterio le privaba de aquellas dos vidas tan preciadas para el...."eso no es verdad...¿que parte tuya estará conmigo?" - Dijo lleno de rabia
"Siempre lo tuviste" - dijo Ying en su último aliento de vida - "mi corazón""



Hoy se convierte en Chis and Bru, Zhang Ziyi, quien tras enamorar a la crítica en títulos como Tigre y Dragón, conquistó al público con Memorias de una geisha. Sus rasgos orientales tan marcados, y su versatilidad ante las cámaras le han hecho acreedora de importantes nominaciones internacionales como los Globos de Oro o los Bafta. 
Esa fascinante magia del cine que permite que en Tigre y Dragón, una aparente niña dulce se convierta en una despiadada guerrera y resulte creíble gracias al trabajo de Zhang, también se impregna en la cálida atmósfera de Memorias de una geisha.

Para la ocasión viste vestido oriental en raso rojo con detalles en organza brocada en plata, salones de cristal rojo y cinturón en raso negro y rojo con blanco.

El taijitu, más conocido en Occidente como el Yin y el Yang simboliza la dualidad del universo, el paso siguiente al tao u origen de todas las cosas. Yin representa lo femenino, lo oscuro, y Yang representa lo masculino, la luz. Y se basan en el principio de que nada existe en la naturaleza en estado puro.

Nunca conoceremos la noche sin el día, la luna sin el sol, lo malo sin lo bueno, del mismo modo que un día Yin comprendió que una parte de ella siempre había vivido en Yang, una parte fundamental que no supo valorar hasta que se la arrebataron.

Hasta la próxima muñeca.

lunes, 2 de noviembre de 2015

Nicole y las brujas

"Érase una vez, hace muchos años, doce hermosas brujas que gobernaban el mundo bajo el amparo de Eridanus, un dios que solo observaba e impartía justicia cuando alguna de las brujas cometía algún error. 
Cada una de las doce, tenía un diferente cometido, así cuatro de ellas cuidaban de las estaciones, dos de la flora y la fauna, otras cuatro de los cuatro elementos principales y las dos más jóvenes y hermosas eran Rigel que cuidaba de la noche y Betelgeuse que se encargaba del día.
Cada 31 de Octubre, celebraban un aquelarre en el que invitaban a gente de todos los lugares, príncipes, campesinos, magos, caballeros....todos acudían a la fiesta pagana más malévola y divertida del año, en el que el fuego, las calabazas, los dulces y la música cobraban especial importancia. 

Rigel y Betelgeuse eran hermanas pero enemigas, su belleza era el mayor motivo de competencia, y aquel aquelarre era cada año el mejor momento para destacar...
Betelgeuse no tenía escrúpulos, era capaz de todo con tal de conseguir sus objetivos, utilizaba su magia sin ningún reparo ni duda moral, y su poder era tan inabarcable que Eridanus prefería mirar para otro lado y dejarla hacer mientras el día funcionara. Rigel en cambio era cándida y pura, su belleza era dulce como una flor, creaba noches plácidas, cuajadas de estrellas, de sueños, de esperanza.
Un año de aquellos en los que las brujas eran bellas, Rigel encontró polvo de diamante en una nube, y con tela de una noche que hizo de más, creo el vestido más hermoso jamás visto, tanto es así que Betelgeuse que la espiaba siempre a escondidas, ávida de saber los entresijos de la vida de su hermana enloqueció de envidia, su razón se nubló de tal forma que desatendió el día, un gris día de verano que las otras 11 brujas detestaron para siempre, un día vulgar que cernió el caos en el mundo, porque Betelgeuse estaba demasiado ocupada para atenderlo, planeando en cómo robar estrellas de la noche de su hermana, estrellas de brillo feroz que poblaran su vestido hecho con tela del oro más puro que en su día pudo encontrar. 


Eridanus que ya estaba sobre aviso, vio de lejos como Betelgeuse robaba las estrellas, como oscurecía también aquella noche de verano mientras Rigel lloraba, vio como aquella bruja hermosa como la vida, se volvía horrible, carcomida por la envidia, entonces y muy a su pesar se vio en la obligación de intervenir y cambiar el mundo para siempre....
Se acercó a Betelgeuse mientras cargaba triunfante con la última de sus estrellas robadas en su escoba, y con su voz atronadora dijo: "Betelgeuse!! ¿Dónde crees q vas?" 


Betelgeuse asustada respondió:"Solo quería un vestido precioso"
 

Eridanus continuo:"¿un vestido?, ¿para lucir hermosa? Y esa obsesión con lucir hermosa te ha llevado a desatender tu día, a odiar a tu hermana, a robar las estrellas, a condenar la noche. No has sabido ser bella, has castigado con tus actos a toda tu especie, la fealdad empañará vuestro rostro a partir de ahora, aquel que oiga hablar de una bruja por toda la eternidad tendrá en la cabeza una nariz prominente, verrugas en el rostro...
¿Querías estrellas? Pues las tendrás, ellas le contarán al mundo lo fea que en realidad eres, porque con ellas iluminaré tu cara que dibujaré en el cielo para que tu nuevo rostro se preserve para siempre jamás..."
Betelgeuse vio cómo se cumplían una por una las peticiones de Eridanus, sus verrugas y nariz prominente aparecieron, incluso sus dientes se convirtieron en una maraña ininteligible de marfil que hubieran dibujado una sonrisa dantesca de no ser, porque se sentía tan desgraciada que solo le apetecía llorar...
Vio el resto de sus días aquel espeluznante rostro en el cielo que no era otro que el suyo, y tuvo que convivir con la desgracia, viendo los rostros de otras brujas, sabiendo que ella era la única responsable de aquella situación, de haber convertido a las brujas en unas criaturas grotescas y malditas, hasta que como todas las brujas se hartó de ser bruja y se convirtió en una estrella, que tal y como fue desde el principio de los tiempos brilla menos que la estrella en la que se convirtió su hermana Rigel
"



Hoy se convierte en Chis And Bru, Nicole Kidman, ganadora de un Óscar por su impactante papel de Virginia Wolf en Las Horas, viste para la ocasión un LBD negro de corte sixtie, escoba de bambú, rafia e hilo, sombrero negro con cinturón naranja igual que el del vestido, medias a rayas naranjas y negras y escarpines negros.
Nicole ha aparecido al menos dos veces haciendo un papel de bruja en la gran pantalla, y el destino quiso que brillara con luz propia en el papel que menos utiliza su más que notable belleza física, sus capacidades interpretativas en papeles de diferente índole, le han valido su más que cómoda posición entre las actrices mejor pagadas. Nicole es, sin duda, una mujer excepcional y no sólo por su metro ochenta de altura sino por la gran trayectoria que la avala.

Max Wolf, contaba cada noche a sus hijos el antiguo cuento de Rigel y Betelgeuse porque pensaba que estas apasionantes historias contribuirían al desarrollo de su imaginación y a amar las estrellas como él lo había hecho durante toda su vida.

Laureado astrónomo y precursor de la astrofotografía, este alemán en un rutinario día de trabajo de 1909 realizó una fotografía que cambiaría su vida para siempre. Sobre la constelación Eridanus y con certero brillo azul que provenía de la vecina constelación de Orión, fotografió por primera vez en la historia la NGC 1909 o nebulosa conocida como Cabeza de bruja por su reveladora forma con nariz puntiaguda, barbilla prominente y ojos oscuros y hundidos. El brillo azul que la ilumina curiosamente proviene de Rigel la estrella beta de Orion que aunque no es la más importante de esta constelación, pues su estrella alfa se llama Betelgeuse, si es la más brillante. En un primer momento, los estudios catalogaron a NGC 1909 como una nebulosa de reflexión, pero para sorpresa de Max, estudios posteriores revelaron que se trata de un auténtico criadero de estrellas, y el azar quiso que fueran doce las que se identificaron, como aquellas doce brujas que un día fueron bellas y resultaron malditas por el comportamiento de Betelgeuse para siempre.

Max Wolf continuó pensando que los cuentos, cuentos son, pero cada vez que su mirada tropieza con Rigel en el cielo, siente pena, y la imagina por instantes como bruja de hermosa belleza envuelta en ese vestido negro como la noche sembrado de azul polvo de diamante y gracias a eso, Rigel recupera de forma efímera lo que un día Betelgeuse le robo.


Hasta la próxima muñeca.

domingo, 13 de septiembre de 2015

Mae y la Coca-cola

En esa atmósfera densa, cuajada de purpurina, humo de cigarro y foco de bambalinas, se envolvía el burlesque, el hermano pequeño y grotesco del vodevil que a finales del XIX vio desfilar por sus dominios a estrellas de diversa índole, todas ellas tan potencialmente fulgurantes como descaradas que componían un espectáculo sexualmente acentuado que atraía al público masculino por doquier y daba candela suficiente a esa hoguera oculta en la que quemaban los deseos los más puritanos de una América sedienta de espectáculo y temas lejanos a la guerra de secesión que aún seguía dando que hablar.
En esta situación histórica, con numerosos géneros emergentes en una sociedad que aun buscaba sus costumbres, nació la Coca-cola en un medicin show como remedio para tratar los problemas estomacales. Y en 1915, Coca-cola company que ya era una empresa de nombre importante, decidió organizar un concurso a nivel nacional en el que decidir el mejor envase para su preciada chispa de la vida líquida, que si bien no curaba, si que engordaba las cuentas particulares de sus directivos en varios ceros.
Earl R. Dean, un diseñador gráfico con mas imaginación que renombre, vio en esta ocasión su oportunidad para crear algo único que demostrará su valía, ante la única condición que proponía la firma: crear un envase que perdurase en la memoria del público y que fuera incluso reconocible en la oscuridad.
Dean estaba sumido en una profunda depresión, fruto de un amor imposible, y lejos de amilanarse, fiel creyente de las recomendaciones  de videntes de pacotilla cuyos servicios solicitaba siempre que el tiempo y el bolsillo se lo permitían, hizo caso del último consejo recibido en forma de bruja envuelta en bisutería y pañuelos de un supuesto lejano Oriente que rezaba algo así como: "la respuesta que buscas esta en la misma mujer que destrozó tu vida"
 
Aquel sábado, se puso el mejor de sus trajes y se fue a verla, al mismo teatro que rezaba en los carteles, unos carteles inundados con su presencia, aquella mirada de vida que no dejaba indiferente, aquellos rizos rubios y sonrisa hechicera que eran capaz de hacer temblar a todos los hombres del mundo, aquellas curvas que dibujaban a una mujer tan imponente que ni en un millón de años hubiera conseguido pasar desapercibida.
Allí estaba él, entre el público, a punto de llorar, ante la misma mujer a la que dejo una tarde para no volver, esa mujer con la que descubrió lo que era el deseo años antes, lo que era en si la vida, la misma a la que había tenido el privilegio de besar y amar hasta el amanecer, un amanecer que por aquel entonces se le antojaba temprano, porque cada noche a su lado parecía un suspiro.
Cuando acabo la función, se acercó a su camerino y aquel gran hombre se volvió pequeño cuando la mirada de ella lo escudriño a través del espejo rodeado de bombillas en el que se miraba: "¿Por qué te fuiste Dean? ¿Tan mala era en la cama?"
"Una mujer como tu no se casa" —dijo Dean con voz temblorosa
Ella con gesto de desdén, giro su silla y se levanto envuelta en un ceñido vestido que dibujaba su figura con esmerada precisión y con un pose excesivamente provocativo dijo: 
"¡Diablos Dean! Estas loco, eres el único hombre que se acerca a mi pensando en boda y no en otra cosa"
Y rompiendo a llorar añadió: "Vete antes de que te odie toda la vida"
 
Dean se acercó a ella y la beso apasionadamente, mientras con sus manos recorría su silueta con una fuerza desmedida que le hizo pensar en que fuese de arcilla en lugar de carne y hueso, grabó en su mente cada centímetro de aquellas formas sinuosas que estaban enloqueciendo América y mientras tenía los ojos cerrados y disfrutaba por ultima vez de aquella sensación, comprendió que el envase de Coca-cola solo podía tener una forma: la forma de Mae West.
 
 
 
Hoy se convierte en Chis&Bru la irónica y picante Mae West: actriz, cantante, guionista y dramaturga que conquistó el celuloide americano y años más tarde se retiró al vodevil, cansada del código Hays y de una sociedad excesivamente puritana.
Mae lleva un vestido de corte sirena con los colores del refresco más famoso del mundo, a juego con un clutch adornado con lentejuelas, salones perla y un sombrero de ala ancha con pluma negra y un diamante. Una boa blanca que simboliza las puritanas cadenas que pretendían encerrar a Mae en una encorsetada vida, lejos de sus pícaras frases, lejos de su puesta en escena sinuosa apoyada en sus flamantes formas curvilíneas, lejos en definitiva del deseo de los hombres.
 
Por si alguien siente curiosidad, cabe decir que la famosa botella jamás estuvo en la vida real relacionada con Mae West (o al menos de forma oficial) si que es cierto sin embargo que se celebró el concurso y la idea de que los invidentes también pudieran reconocerla, al igual que es cierto que Earl R. Dean fue el diseñador que se alzó con el título como se puede comprobar en la placa conmemorativa que se exhibe en Indiana, el lugar de nacimiento de la botella, que se creo en una factoría propiedad de Root Glass Company.
 
Mae West, dejo su indiscutible sello en una sociedad para la que resultó muy diferente, era una mujer bandera, supongo que al igual que la cocacola, marcaba la diferencia y en cierto modo también era la chispa de la vida. Copio aquí, la que sin duda es para mi su mejor frase de todas las que firmó: "Cuando soy buena, soy muy buena pero cuando soy mala, soy aún mejor"

Hasta la próxima muñeca.

jueves, 5 de febrero de 2015

María Eugenia y el bolero

A principios de los 40, se gestó en La Habana el nacimiento de CMQ, una emisora que poco a poco fue atrayendo a todo tipo de oyentes gracias a su variopinto repertorio, secciones de noticias y música intercaladas con seriales dramáticos que gestionaban la publicidad de forma muy acertada. El fenómeno de las actrices locutoras estaba en ciernes y Asunción del Peso era una de tantas a quien cada dia acompañaba su hermana pequeña Fina, que admiraba "entre bambalinas" la mágica puesta en escena de la radio donde no hay luces pero si silencios.
Un, por aquel entonces, publicista en CMQ y desconocido Osvaldo Farrés, compositor cubano de boleros inolvidables, quedo tan impactado por Fina que la primera vez que la vio solo supo preguntarle: "¿Esas piernas son suyas o se las ha prestado un ángel?". Esa frase, fue el inicio de una incómoda y prohibida relación, ella 30 años mas joven, él divorciado de un matrimonio anterior, hasta que la familia de Fina, bastante escandalizada intervino y la sacaron de La Habana a vivir con su tía, quien tenia órdenes de vigilarla día y noche hasta que encauzara de nuevo su vida, sin poder despedirse siquiera de Osvaldo, tan solo pudo llevarse el recuerdo de una pregunta sin respuesta: "¿Cuánto tiempo me vas a querer, Osvaldo?".

Una mañana de 1947, Fina se disponía a hacer los recados de un día cualquiera de su nueva vida, cuando un joven desconocido le hace llegar una carta de la emisora CMQ. Esa carta sólo dice: " Pedro Vargas"
A Fina le da un vuelco el corazón porque inmediatamente reconoce la letra de Osvaldo, tanto que en su mente solo habrá dos palabras claras a partir de ahora: Pedro Vargas.

Fina no deja de pensar en aquel críptico mensaje hasta que una tarde en casa con su tia, de fondo en CMQ se escucha: "..Y ahora les dejamos con la maravillosa voz del tenor de las américas Pedro Vargas interpretando este maravilloso bolero de Osvaldo Farrés". Fina avanza lentamente por el pasillo, conoce a Osvaldo y conteniendo la respiración sabe que en esa canción llegara la respuesta a la pregunta que tantas y tantas veces le hizo, de fondo se escucha a Pedro Vargas entonando: "Toda una vida, estaría contigoooo..." cuatro largos minutos llenos de lágrimas para Fina y de gestos de desapobacion para su tia. Cuando la canción termino, su tia apago la radio y clavo su mirada en su sobrina que con cierto gesto de liberación dijo: "Se acabo tia, mañana vuelvo a La Habana". "Fina no lo hagas!...tu padre...". Fina agarro a su tia del brazo y a dos centimetros de su cara le dijo sin dudar un instante: "A mi padre le da igual donde este, mientras no sea en los brazos de Osvaldo y me temo que eso ya no esta en sus manos, ni siquiera esta en las mias, ¡le quiero! y le querré toda una vida...



Hoy se sube a la pasarela de Chis&Bru María Eugenia León Belleza en Vena, una mujer que ha convertido el arte de la bitácora en glamour y dulces aromas. Probablemente, la mayor eminencia crítica en el mundo de la belleza y el lifestyle de este pais. Las firmas de cosmética internacional mas prestigiosas, esperan la aprobación entre las lineas de sus posts, en un blog donde colaboradores de diversa índole y celebridad aportan sus ideas, su mundo, sus matices al irisado universo de la belleza.

Lleva para la ocasion un vestido a juego con un bolero, diferente a los de Farrés en verde manzana con adornos de plata. Salones, clutch y tocado a juego con pluma negra y brillante. El verde porque empasta muy bien con su pelo y además porque María Eugenia es esperanza, la esperanza de hacer las cosas mejor, de progresar, de dedicarte a tu vocación.

Tomo prestado para la ocasión el título de otro bolero de Farrés: "Con 3 palabras" que es justo lo que necesito para definir las 3 cosas que mas me impactan de esta mujer: Su maravillosa melena, tan bonita, tan única, tan cuidada. Su trabajo, se gana la vida escribiendo y además lo hace bien y su compañía, porque siempre se rodea de gente brillante, no es raro ver en su mesa a Almudena Grandes, Maribel Verdú, Alicia Hernández, Juan Luis Cano...y con permiso de los demás, a mi orilla de la chimenea favorita: el grande, el maestro: Joaquin Sabina. 

Hasta la próxima muñeca!

 

 

jueves, 13 de noviembre de 2014

María y el costurero

"Era una cálida y primaveral mañana de Mayo y los cascos de aquel ejemplar zaino se batían enérgicos contra el suelo, moviendo el aire lo suficiente como para procurar una brisa en la que albergar un aroma a azahar que impregnó los sentidos de María de las Mercedes. Esta demasiado pálida y por recomendación del Dr. Rubio debe tomar el sol cada mañana mientras cose en un pequeño y coqueto edificio mozárabe situado en los jardines del Palacio de San Telmo. Cuatro costureras, entre ellas su aya, pueden ver como su corazón se agita y sus nervios se disparan, porque su amado se acerca a galope, desde el Real Alcázar. El misterioso caballero no es otro que Alfonso XII, rey de España y también su primo que le dispensa cada vez que consigue un momento libre una atención de enamorado.

Las risas de las damas se suceden cuando el caballo de Alfonso se acerca. "Niñas compórtense, es el soberano de España quién llega". María de las Mercedes se atusa el pelo y se coloca el vestido de forma disimulada mientras Alfonso baja del caballo. "Majestad", saludan las mujeres, "buenos días". Todas bajan la mirada menos una, que clava sus pupilas negras en los ojos de Alfonso de forma tan irreverente que provoca un carraspeo disuasorio de su aya, Doña Encarnación. "Majestad, y ¿Cómo usted por aquí, tan cerca del Palacio de San Telmo?" "Disculpe Doña Encarnación, espero no causarles molestias pero como podrá usted imaginar los caballos poco entienden de monarquías y este se ha empeñado en visitar a las damas mas bellas de todo Sevilla" y con esta última palabra se inclinó hacia María de las Marcedes con una rosa en la mano. Cuando ella se dispuso a aceptar tan bello presente, sus manos se rozaron por un instante tan fugaz para ellos como indecoroso para su aya que se vio en la obligación de carraspear nuevamente y comentar con malévola ironía: "No se preocupe Majestad, que de todos es sabido que su mano es firme para los asuntos de estado aunque no lo sea tanto para el control de las bestias equinas, según parece". Ambos rieron mientras Alfonso se despedía con la mirada clavada en una María de las Mercedes que sentía que su corazón iba a salir por la boca..."

Estos idílicos encuentros entre María de las Mercedes de Orleans y Alfonso XII en realidad sólo existieron en las leyendas sevillanas que bautizaron al coqueto edificio mozárabe de finales del XIX que se sitúa en lo que hoy se conoce como paseo de las Delicias, como Costurero de la Reina. La realidad, no tan novelera es que el edificio se construyó años después de la prematura muerte de la reina.




Hoy se sube a la pasarela de Chis&Bru, María León Castillejo. Directora de comunicación de Pedro del Hierro España, asesora de imagen, comunicadora, viajera incansable... pero sobre todo entusiasta de la vida. De María se desprende una energía que arrasa allá por donde va, transmite lo mejor de cada cosa, tiene ese don que convierte cada evento que cuenta, cada viaje que hace, cada producto que enseña, en más bonito, en más alegre, en más positivo...

Luce para la ocasión un vestido en terciopelo, con pillbox a juego y bolso de mano en oro. Los tonos elegidos, el albero y el grana son un homenaje a su Sevilla natal, en concreto al Costurero de la Reina, que representa el espíritu de María por la alegría y la belleza que transmite.

Las paradojas del destino han querido que María de las Mercedes, a pesar de ser solamente reina durante pocos meses sea una de las reinas más recordadas: romances, coplas e incluso películas se han encargado de ello. Su huella aún esta presente en Sevilla, esa Sevilla alegre de María León, con ese color especial grabado en las retinas de todos los que hemos tenido el placer de visitarla.

Hasta la próxima muñeca.  




jueves, 4 de septiembre de 2014

Mónica y Las Vegas

Era tarde, y Virginia había bebido demasiado, volviendo a casa decidió que necesitaba tomar algo de aire, y allí parados en medio del desierto de Nevada con la luna llena como único testigo y una luz suficiente como para enfocar su vestido rosa empolvado y su estola de plumas a juego, Bugsy Siegel imagino al observar sus interminables piernas contonearse bajo las estrellas a un hermoso flamenco. Esa misma noche averiguó su destino, hacer de aquella hermosa nada una ciudad de luces, glamour y pecado, cuya primera piedra angular sería el Casino "Flamingo" dedicado a ella, a Virginia Hill, tan bella como astuta, quien desvíó a su cuenta parte del crédito concedido por el famoso gángster Lucy Luciano y sus secuaces, quienes aquel año de 1946 creyeron que su colega Bugsy realmente era un visionario.

Llego el gran día de la inauguración y el fracaso fue tan estrepitoso, como desmedido el interés que Luciano cobró por su deuda, ya que envió a casa de Virginia a dos matones que le proporcionaron la propiedad del "Flamingo" vaciando su cargador en la cabeza de Siegel, quien murió sin poder saborear las mieles de su gran acierto pues solamente un mes después Luciano facturaba en su casino a manos llenas, comenzando un gran sueño que hoy se conoce como Las Vegas.



Hoy se convierte en Chis&Bru Mónica, una gran mujer que decidió casarse en ese templo de luces llamado Las Vegas y quien por miedo a que se hiciera realidad la máxima: Lo que sucede en Las Vegas se queda en Las Vegas, decidió rematar la faena en España organizando una original fiesta de disfraces en un antiguo molino de harina reconvertido en hotel situado en plena Ribera del Duero.

Mónica para la ocasión se vistió con esta magnífica falda de flecos negra, una casaca en blanco roto, con collar y pulsera de perlas blancas, tocado de plumas y guantes de seda negros y unos salones Jimmy Choo jaspeados que son una auténtica joya.

Mónica es azafata de vuelo, viajera incansable, madre entregada y amante de las cosas artesanas, que incluso ella misma compone, os recomiendo que le echéis un vistazo a su blog FIVSPAIN.  Tiene ese encanto Chis&Bru que la hace especial, una mujer bandera. En 1946, Virginia Hill, una mujer de bandera inspiró al hombre que apostó su vida por la ciudad de Las Vegas y perdió, y casi 60 años después fue Mónica la que inspiró a un hombre que seguramente apostó su vida por tenerla siempre a su lado y ganó.

Hasta la próxima muñeca.